sábado, 26 de marzo de 2011

Embajada de Francia en Argentina

Février 2011
Déjeuner-buffet à l´Ambassade de France.

AF Rafaela: Maria Delfina Barreiro (Presidente), Maria B Meynet (Directora) y Julieta Trivelli (Rep. Cultura)
www.embafrancia-argentina.org/


M. Jean-Pierre ASVAZADOURIAN, Ambassadeur de France en Argentine

lunes, 7 de marzo de 2011

Mucho más que un beso

Doisneau fue el autor de una fotografía emblemática, ‘El beso’. Aquella instantánea tapó el resto de sus fotos de un París mítico. El fótografo de la gente corriente recibe hoy en una gran exposición el reconocimiento francés, 12 años después de su muerte.
DIARIO EL PAIS



La foto de una pareja besándose ondea en el cartel de la exposición París en libertad. Aquel retrato se hizo allí mismo, ante el Ayuntamiento de la capital francesa hace más de medio siglo. De la trasera de ese mismo edificio parte ahora la cola de viejos y jóvenes que esperan horas girando por la calle de Rivoli para poder ver las fotos de Robert Doisneau en la que es la muestra estrella del otoño en la capital francesa. La larga espera es una suerte de homenaje, 12 años después de su muerte, al hombre que fabricó con El beso un icono, la Mona Lisa de la fotografía. Francia ha hecho de su célebre Beso un fetiche nacional. El retrato de Doisneau fue el protagonista de la campaña para los Juegos Olímpicos 2012 de París. Es un emblema, y Doisneau, otro. Una cincuentena de escuelas llevan su nombre en Francia. Se le han dedicado más de un centenar de libros y varias películas. Su obra adorna millones de tarjetas postales, de agendas y calendarios, y del cartel de El beso se han vendido más de 500.000 ejemplares en todo el mundo. Doisneau llevó bien esta popularidad tardía: “Todo antes que la indiferencia”, solía decir.

La doisneaumanía alcanza también a los originales de sus fotos. En la galería Claude Bernard, de París, sus fotografías oscilan entre 6.000 y 8.500 euros, excepto El beso, que alcanza los 25.000 euros. Algo insospechado para un Doisneau que vivió modestamente, en su apartamento de siempre, en Montrouge, en las afueras de París, desde 1937 hasta su muerte, entre sus negativos, mientras el mundo que captaba se extinguía lentamente. Porque en la vida de Doisneau, la fotografía lo era todo, las veinticuatro horas del día.

Robert Doisneau (Gentilly, 1912 - París, 1994) fue durante seis décadas un pescador en las aguas tranquilas de la gran ciudad inamovible. Pacientemente esperaba el milagro. “Yo no he visto pasar el tiempo, estaba demasiado ocupado en el espectáculo permanente y gratuito que me ofrecían mis contemporáneos en cuanto se presentaba la ocasión de capturar una imagen al pasar”, afirmaba quien tenía a gala atrapar “los gestos corrientes, de gente corriente, en situaciones corrientes”. Doisneau nunca ridiculizó a quien fotografiaba. Su mirada captaba lo mejor, la ternura, la sonrisa. Fue ante todo un hombre bueno, que hizo de su pasión por atrapar la vida, un arte. Su timidez fue la clave de su éxito. Como temía acercarse a la gente, Doisneau renunciaba a los primeros planos. “En mis imágenes procuro encontrar en los personajes un espacio interior por donde corra el aire; es lo que en definitiva le da la vida a una fotografía”.

“La fotografía es la mirada. O se tiene o no se tiene”, aseguraba el también fotógrafo Willy Ronis. Doisneau la tenía sin duda alguna. El ojo de Doisneau logró algunas de las más bellas páginas de la historia de la fotografía. Entre ellas, su inevitable Beso, de 1950, una narración visual con una fuerte carga simbólica: el beso de dos amantes representaba la esperanza de futuro de unos jóvenes en una Europa traumatizada tras la II Guerra Mundial.

El paseo imaginario por el París de Doisneau que recrea la exposición es a la vez un recorrido por el tiempo. De 1934 a 1990, cada instantánea atrapa al espectador por la extraordinaria modernidad del artista. Las calles de París, con todas sus mutaciones, son las protagonistas del trabajo del que fuera un impenitente paseante, armado los primeros años con una Rolleiflex –una cámara legendaria que le permitía a Doisneau esconderse: “La nariz dentro del visor me permitía una actitud respetuosa, casi una genuflexión, algo que convenía a mi timidez”–, con una Leica después. Todo está en las fotografías de Doisneau. La Resistencia, la guerra, la bohemia, la intelectualidad. Fotos de encargo o improvisadas en el estudio-vivienda familiar de Montrouge, pero también fotos sacadas del pulso cotidiano de la ciudad con la paciencia infinita de un buscador de oro.

Aprendió fotografía leyendo las instrucciones de las cajas de emulsiones para revelar. Sus comienzos como grabador le llevaron a trabajar a los 18 años con André Vigneau, un artista que lo fue todo para él: “Cuando yo empecé, nadie conocía a nadie. No había revistas que difundieran la obra de los fotógrafos más interesantes. Por eso, la única persona que me influyó fue Vigneau. Era formidable: escultor, pintor, fotógrafo” (El País Semanal, 1991). Posteriormente fue fotógrafo industrial y de publicidad en la factoría de Renault, de donde fue despedido por “sus escasas apariciones en el trabajo, seguidas de largas ausencias”. Las calles de París tiraban de él y los días eran demasiado cortos como para encerrarse en aquella fábrica: “Desobedecer me parecía una función vital y no me privé de hacerlo”.

En 1939 se alistó en la Resistencia francesa y sus fotografías sobre la ocupación y liberación de París dieron la vuelta al mundo. Terminada la guerra, trabaja junto con Cartier-Bresson y Capa. Se integra luego de por vida en la agencia de Charles Rado, Rapho. Fue un pionero en el arte de fotografiar a los personajes en sus lugares cotidianos: Giacometti, Sartre, Camus, Cocteau, Orson Welles, Juliette Gréco… “Mi foto es la del mundo tal como deseo que sea”.

En 1950, la revista Life encarga a la agencia Rapho un reportaje sobre los amantes de París. De ahí saldrá la serie Besos, y su obra más significativa, El beso del Hôtel de Ville. Un año después, Doisneau expone sus fotos en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, MOMA. Luego, durante años, su obra pasará inadvertida. Los años sesenta no son buenos para la fotografía. La prensa se aleja de la instantánea humanista y llega una nueva generación de fotógrafos que nada tienen que ver con los anteriores. En los ochenta, el mito Doisneau resurge y su obra conoce un éxito arrollador en todo el mundo. Sin embargo, París y los parisienses han cambiado. “Los fotógrafos se han convertido en algo sospechoso”, dice, “la magia se ha roto”.

En 1993 su Beso fue llevado a juicio. Una pareja afirmaba haberse reconocido en la imagen y reclamaban su porción del pastel. Hasta ese momento, Doisneau hizo creer que aquella era una instantánea improvisada, pero cuando empezaron a aparecer mujeres y hombres asegurando ser los amantes de la obra y planteando demandas de derecho de imagen, aquella mentira no pudo mantenerse. Françoise Bornet, la real protagonista de la foto junto a su novio de entonces, Jacques Carteaud, decidió descubrir su secreto y vendió la copia de su foto que le regaló Doisneau a un coleccionista suizo que pagó por ella 155.000 euros. Doisneau se fijo en la pareja mientras tonteaban en un café y les propuso posar para él: “No es una foto fea, pero se nota que es fruto de una puesta en escena, que se besan para mi cámara”, reconocería más tarde.

El 25 de septiembre de 1993, Doisneau tomó su última foto. El 1 de abril de 1994, a la edad de 81 años, morirá dejando un legado fabuloso, más de 450.000 negativos, que sus hijas Francine y Annette cuidan celosamente. Y dicen que no pasa un día sin que una foto del gran Doisneau aparezca publicada en algún lugar del mundo.

martes, 1 de febrero de 2011

Actualidad Cultural

El tesoro oculto de Brassens
DIARIO EL PAIS
Halladas en París cerca de 40 canciones inéditas o casi desconocidas del músico


No podía sospechar Clémentine Deroudille que el tesoro inédito de Georges Brassens se escondía en unas maletas. La periodista francesa escudriñó y curioseó en los armarios y en los cajones de la que fue la casa de siempre del monstruo de la canción francesa, en el número 42 de la rue de Santos-Dumont, en el distrito 15 de París. Y descubrió, al menos, dos joyas: un conjunto de textos inéditos de canciones del Brassens más juvenil (cerca de 40) y el diario personal que el maestro llevó toda la vida, incluidos los pasajes relativos a su estancia en el campo de trabajo alemán de Basdorf durante la Segunda Guerra Mundial. Unas páginas de las que todo el mundo hablaba pero que nadie había visto de cerca...
Todo eso -y más documentos y materiales- verá la luz en una exposición que albergará la Cité de la Musique, en París, el próximo 15 de marzo, organizada por la propia Deroudille y por Joann Sfar, una de las grandes estrellas del cómic francés y director de la película Gainsbourg, una vida de leyenda.
Deroudille recibió primero el permiso y la colaboración de Françoise, hija del secretario y amigo de Brassens, Pierre Onteniente. Onteniente vive aún en la casa que siempre habitó el cantante hasta su muerte en 1981. "Y la mantiene como el primer día. Tú entras en la habitación de Brassens y te da la impresión de que el cantante se acaba de ir y cerrar la puerta y de que va a volver en cualquier momento", explica Deroudille.
"Tanto Françoise como Pierre y la familia de Brassens me dieron permiso para buscar. Y a eso me dediqué", explica la periodista. Así, entre los archivos del cantante aparecieron cuatro textos inéditos de sendas canciones jamás interpretadas por el artista. Pertenecen a la etapa de juventud de Brassens, que nació en la localidad de Sète, en el Mediodía francés, en 1921. "No sabemos cuál era la música. Y por una razón muy simple: Brassens no escribía partituras. Él componía al piano y luego a la guitarra. Después grababa la canción. Pero en los tiempos de estas cuatro canciones no tenía dinero ni para un magnetofón, así que no sabemos cuáles eran las notas que acompañan a los textos", añade.
En la exposición Brassens o la libertad estos cuatro temas tendrán música: la que le ponga el compositor Olivier Daviaud. Daviaud también trabajará sobre otras 40 canciones de juventud de Brassens, prácticamente desconocidas (los textos solo habían sido publicados en 2001 en el libro Brassens, de Jean-Paul Liegeois) y que también carecían de música conocida.
"Esas cuatro canciones inéditas no son los temas más importantes de Brassens, aunque encontrarlas ha resultado todo un descubrimiento", explica Clémentine Deroudille, autora de otro hallazgo de altura: el mítico diario de Brassens, encontrado también por ella en la casa de la rue de Santos-Dupont, situada en un barrio popular de París del que el cantante no quiso irse jamás a pesar del dinero y la fama.
Gracias a las páginas descubiertas, Deroudille ha confirmado que el cantante vivía obsesionado por la muerte y que su personaje escondía a un gran tímido. "Se preparaba muy minuciosamente cada entrevista en la radio o en la televisión, a causa de la timidez: pensaba cada palabra que tenía que decir".

jueves, 25 de noviembre de 2010

jueves, 21 de octubre de 2010

Gala Lírica

En el marco de la Agenda Octubre - Celebración del 129 aniversario de Rafaela en el año del Bicentenario, la Municipalidad de Rafaela invita a toda la comunidad a participar de la Gala Lírica que se llevará a cabo el jueves 21 de octubre a las 21:00, en el Cine Belgrano con entrada libre y gratuita.
Participarán reconocidos cantantes de la ciudad de Santa Fe -entre ellos, alumnos del Instituto de Arte del Teatro Colón- apadrinados por la Fundación Acentus, una organización sin fines de lucro dedicada a recuperar, apoyar, desarrollar y difundir las expresiones artísticas y culturales de nuestra región, poniendo énfasis en el canto.
Actuarán junto al Coro Polifónico Municipal y al Coro de Cámara de la Municipalidad de Rafaela y la dirección musical del evento estará a cargo de la Prof. Malena Boero, directora de coros de la ciudad de Santa Fe, quien cuenta además con una amplia trayectoria en el género operístico.
El repertorio estará integrado por arias, dúos y coros de famosas óperas representados escénicamente, conformando un espectáculo muy colorido. Se destacan: "La Traviata" de Verdi, "El Murciélago" de Strauss, "La Boheme" de Puccini, "Carmen" de Bizet, "L'elisir d'amore" de Donizetti, como también Zarzuelas y Canzonetas Italianas.
El Prof. Manuel Marina y el Lic. José Ignacio Perren, participarán además como pianistas acompañantes.
Este espectáculo está organizado por la Secretaría de Educación y Cultura, a través del Coro Polifónico Municipal y el Coro de Cámara de la Municipalidad de Rafaela, dirigidos por la Prof. Verónica Ghiano, con la preparación vocal de la Prof. Susana Bruno. Constituye una importante instancia de aprendizaje para sus 40 integrantes, tanto en la técnica vocal como en la puesta en escena.